miércoles, 29 de agosto de 2012

UNA HUELLA EN EL CAMINO......


Prometía ser un cotidiano viaje a la capital, levantarme temprano, una buena ducha para despabilarme, un desayuno rápido en la cocina, café con leche, tostadas con mantequilla y una torreja de jamón, unas pastillas para la alergia, listo, estreno un nuevo look, o mejor dicho refloto un look de años atrás cuando trabajaba en oficinas y me vestía con chaqueta, camisa de corbata y zapatos de calle, la última mirada en el espejo para reflejar a ese tipo guapo que soy yo mismo, con ese aire de ser dueño del mundo y de haber ganado muchos trofeos, la mayoría de los cuales no están en mi galería sino que en el corazón de algunos seres humanos que transitan aun por este mundo y otros que ya nos han dejado, con el último vistazo en el espejo le digo a mi imagen "que tengas un buen día", como quien se despide de su gran amor, a falta de un beso apurado, de esos que rozan los labios de una pareja amada.
Con mi bolso en el asiento del acompañante, pongo la llave en el contacto y enciendo el motor, el panorama matutino era prometedor, un cielo despejado y azul, un sol en el comienzo de su solitaria maratón por el firmamento ya había avanzado un cuarto de cielo, mecánicamente apretó el control remoto para abrir el portón de salida, hago las maniobras y el auto comienza a moverse y a tomar posición en el trafico de la ciudad, pasar por la congestión buscando la ruta que me saque de este puerto histórico.  Nunca me ha gustado sobrepasar los cien kilómetros por hora en carretera, por lo que anticipo los hechos para no andar apurado y como el viaje es de aproximadamente de dos horas a mi destino, me dispongo a disfrutar de los paisajes que me ofrece la ruta entre cuidad y ciudad, el reloj del tablero me presiona y me grita que voy algo atrasado esta vez, por lo que hundo el acelerador algo más de lo acostumbrado, el indicador de gasolina me comenta que con el residuo que queda no alcanzare a llegar a mi destino, por lo que me pongo atento a la ruta y logro llegar a la bencinera que me ofrece la mejor relación de precios para este producto que cada vez resulta más oneroso, la gasolina.
Curiosamente para ser día de semana en la mañana había una demanda enorme de combustible, por lo que me dispuse a esperar a que el bombero me atienda, en el intertanto, se instala un camión tres cuartos en el otro lado de la góndola donde yo estaba, se baja un tipo alto, tez morena, rudo en sus modales, una voz a mi derecha me pregunta cuánto voy a cargar y de que octanaje, le digo lleno de noventa y cinco, el camionero del lado saca el dispensador de petróleo de la maquina que le correspondía, lo instala en la boca de su estanque de gasolina y aprieta la manija, comienza la manguera su trabajo de surtir en el estanque de aquel hombre alto.  Después de esa maniobra, el tipo queda parado esperando que se llene su estanque, claro que su posición y la mía me permitían ver por la ventana de la puerta del acompañante de mi auto, toda su esbelta figura, su rostro, camisa a rayas, abierta hasta el segundo botón, mangas largas arremangadas sin ninguna pretensión, una correa negra con hebilla plateada que sujeta unos jeans sacrificados por el trajín y el trabajo, sin  hacer ningún esfuerzo solo girando mi cabeza hacia la derecha mi vista quedaba en el ángulo justo para ver la cremallera cerrada de esos jeans, sin siquiera imaginar que podrían contener esos gastados vaqueros no tuve ningún pudor en pasear mi mirada desde la entrepierna hasta el rosto del desconocido, gesto del que se debe haber percatado pues en un instante que pareció una eternidad, el fijo sus ojos en los míos ocupándose exageradamente de no mostrar ni una emoción, ni un gesto, ni una mueca, solo me miraba con su faz inexpresiva sin acogida ni rechazo....me venció y no pude sostener mi mirada sobre la suya, con un ademan imperceptible comencé a girar mi cabeza hacia el frente, donde ya se aprontaba el bombero para pasarme las llaves de mi estanque que ya se había llenado y me pide la tarjeta para el pago,  en el trámite de sacar la tarjeta de la billetera  y la billetera de mi chaqueta, insisto en buscar la mirada de mi desconocido compañero de bomba, el intentando pasar lo mas desapercibido entre el gentío de clientes  y bomberos, hacia un disimulado movimiento para poder pasear su mirada por el interior de mi auto, volvimos a cruzar miradas un par de veces más, sentí que había acaparado su atención, pero los desagradables eventos periféricos me decían que ya no tenía más que hacer en la bomba, por lo que con toda la calma del mundo inserto la llave en el contacto, enciendo el motor, dirijo mi mirada al frente y a la derecha, con el solo afán de volver a engarzarme con su mirada y ver si me atrevía a mandarle una leve sonrisa, no se pudo....cuando ya comenzaba a mover mi auto, debo detenerme pues un señor con paso raudo viene en mi dirección casi como bloqueándome el camino.
Lo observo encaminarse hacia mí, también traía jean, solo que de un par de tallas más arriba que los que acababa de ver, una parka roja le cubría el torso hasta  la cintura, se veía un hombre macizo, grueso, algo más alto que yo, algo más joven también, sujetaba con una manota una mochila que colgaba en su espalda, no pude dejar de pensar en las tortugas ninja, solo para reírme un rato, porque la sorpresa mayor fue que al momento de pasar por el lado del vehículo, se apoya en la puerta que tenía el vidrio abajo por la atención con el bombero y asoma su testa para preguntarme si viajaba a la capital, su voz, el color mate de su rostro, el pelo de un rubio oscuro y lo más impactante unos ojazos verdes hermoseados por una colección de largas y crespas pestañas.  Convoco a todos mis sentidos para alinearme en la situación que estaba ocurriendo y no desteñir con una pachotada o un gesto brusco o de los otros...por lo que le respondo que si viajo hacia donde el pregunta, que si promete no quedarse dormido, aunque no hable, puedo llevarlo a su destino, el me cuenta que es un camionero, que ha dejado su máquina en la entrada de la capital y debe ir a buscarla, que me lo agradecería sobremanera y que "eres muy amable", .... "eres muy amable", si supiera que significan esas palabras, si supiera que para mí eso es una insinuación de aquellas, si supieras que él no solo era muy amable sino que también deseable pues mientras le contestaba fije mi mirada en sus labios húmedos y delineados al punto de tener que sujetarme del manubrio para no abalanzarme e invitarlo a subir con un certero beso en esos hermosos labios, solo atine a decir, "bueno sube, yo te llevo"....retirando el bolso que estaba en el asiento que esperaba ocupara mi improvisado acompañante, el, se pasea por enfrente para dirigirse al asiento de mi lado, su paso seguro, su estampa ruda, un rostro que más bien era un afiche de su belleza, el es un hombre hermoso. El se sube, yo arranco....
El auto a 100 mi corazón a mil, bombeaba sangre a mi cerebro, a mis pulmones, a mis piernas, para bajar la tensión o para subirla, no sé, le digo que tire su mochila hacia el asiento trasero ya que la había dejado entre sus piernas y lo notaba algo incomodo, mientras inserto un pendraba con una selección de músicas que creo nos haría buena compañía en el viaje. Siempre he llevado gente que hace dedo en el camino, no me da susto ni pienso malas cosas, si es de día, no tengo ningún problema en compartir mi viaje con alguien que necesita un aventón, no exijo que me  hablen ni que me cuenten nada pues son compañías muy breves y los temas de conversación son demasiado vánales como para gastarse metiendo bulla que es inconducente por lo que generalmente ofrezco alguna buena música para escuchar, si me preguntan algo respondo con monosílabos para cortar la incipiente posible conversación, ellos necesitan trasladarse, yo puede hacer ese favor y es de la forma que defino esa experiencia no pasa a mayores,...pero este no fue el caso.
En la carretera y con la independencia que caracteriza a la gente de mundo, mi acompañante inesperado se largo a hablar;  donde vivía, nuevo en la zona, buscando oportunidades, viajado por extraños lugares del mundo, sorprendido con las culturas que le toco compartir, japoneses, indios, etc., resumía su vida como  un tobogán, con momentos de alta realización y felicidad a ratos y con caídas dolorosas y duras en otros, mientras yo pensaba que el creía que debía meterme bulla, como para recompensar mi amabilidad con una "buena compañía", yo escuchaba, me sonreía con su forma algo despectiva y asombrada de contar los pasajes de su vida, de sus relaciones con amigos, con sus hijos, curiosamente no hablo de su mujer, solo la menciono, entendí que era una mujer extranjera caribeña, no fue tema, mas tema fue su último asado que debió compartir consigo mismo pues declaro haber terminado de perder a un lote de amigos y amigas con el traslado y con otras situaciones similares a las vividas por mí, por lo que de tanto en tanto debía asentir y complementar la idea, también culpo a sus hijos que eran incapaces de desconectarse de internet, de su mujer hablando con la hermana encerrada en la habitación, y el solo consumiendo  un asado que había imaginado familiar, solidaricé con él, le conté algunos eventos similares y seguimos tratando de encontrar lugares comunes para..No se... seria para ver nuestras similitudes, nuestros puntos de contacto, que se yo...era una conversación animada, divertida, distendida, adulta, masculina.
Habrían pasado algo más de media ruta y mi compañero me hacía sentir muy cómodo, agradado, me contaba cosas divertidas, me escuchaba, ponía atención a lo que decía...
....yo seguía conduciendo el vehículo que nos trasladaba inevitablemente al fin de la ruta y de la animada conversación, con los ojos puestos en la carretera, de tanto en tanto, con la excusa en el gesto de mirar por el retrovisor derecho paseaba mi mirada por la anatomía de hasta ese momento, mi camionero acompañante, como poder evitar mirar ese par de piernas cubiertas por esos gastados pantalones, sus grandes manos descansando en sus muslos, su perfil, una nariz perfecta, con pequeños orificios nasales, el color de su piel, el tono de su voz, y a cada tanto se me detenía la respiración cuando giraba su cabeza y podía mirar en el fondo de las lagunas de sus verdes ojos.  El hablaba y hablaba, me contaba eventos de su vida, a ratos yo intervenía para contarle haber pasado por algo parecido, no me hizo ninguna pregunta personal ni directa, excepto mi ocupación, y otros datos que agregue sin que me los consultara.
Se nos acababa la ruta, llegábamos a destino, tendría que bajarse y despedirnos, decir decididamente que había sido un gusto y hasta nunca, casi instintivamente baje la velocidad, quería prolongar su compañía, su conversación, sentía que él estaba cómodo, me comentaba sobre la música que escuchaba, le gusto, me confesó deleitarse con los sones de "Carmina Burana", eso me sorprendió sobremanera, como cuando me conto su afición por la cocina, hasta la receta de un pollo tailandés me describió, también sintió la cercanía de su destino y se atrevió a decir que sería una buena idea desafiarnos en una competencia gastronómica donde el prepararía un platillo y yo otro, yo le agregue un vino y mas música, fue entonces cuando se atrevió a pedir mi numero telefónico, se lo di, lo marco y se aseguro que mi teléfono sonara para decirme, "ya tienes el mío".
Me pidió detener el auto, rozo mi hombro cuando se volteo a recoger su mochila, me aferre al manubrio para impedir que mis brazos se abalanzaran a su anatomía, había viajado todo el trayecto imaginando el sabor de sus labios, detenido el auto, se gira hacia mí, vuelve a enfocar sus ojos turquesa hacia mí y me agradece el favor, me dice que cree que soy una buena persona y me extiende su mano, la miro, levanto la vista y lo miro al rostro, le entrego mi mano y se la atrapo con la otra, su mano atrapada en mis manos, debió haber sido una vida, una eternidad, pero solo fueron unos segundos de contacto físico y por mi parte también espiritual. 
Lo vi defender, me dio la espalda, abrió la puerta, saco una de sus piernas que poso en la calzada, luego se incorporo, cerró la puerta, yo trate de ocuparme en cualquier acto que no fuera abandonarlo, lo vi pasar por detrás del vehículo, atravesar corriendo al otro extremo de la calzada y perderse en el enjambre de camiones y tráileres que habían en la vereda opuesta a la mía, con un gesto mecánico me incorporo a la carretera, ante mis ojos se acerca la gran ciudad, siento que me traga, me tragan los edificios, el trafico, como tantas y tantas veces en mis viajes a la capital, solo que esta vez entre a la selva de cemento con algo así como un gozo en el alma, con una inusitada alegría, con ganas, con esperanza....pensaba en cómo se puede dejar una huella sin hacer ninguna marca, creo que él lo hizo y me perdí en las calles de Santiago.